No es solo cuestión de práctica

¿Qué nos dicen los hábitos deportivos sobre la igualdad real?

Hoy quiero compartir una reflexión que me ha venido después de leer con detalle los datos de la última Encuesta de Hábitos Deportivos 2024-25 realizada por el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes junto al Consejo Superior de Deportes.

Se celebra el hecho de que el deporte siga creciendo en España: casi 6 de cada 10 personas practican deporte (62,7 %), un récord histórico que demuestra que cada vez más nuestra sociedad entiende que movernos nos hace mejores personas, más saludables y más libres. 

Y sí: también se resalta que la brecha de género en la práctica deportiva se haya reducido hasta 6,7 puntos porcentuales, el dato más bajo desde que se mide. Eso suena muy bien. Significa que cada vez más mujeres —y hombres— se acercan al deporte por puro gusto, por salud, por comunidad… ¡por vida!

Pero… Los datos también muestran que las diferencias entre mujeres y hombres todavía siguen ahí —pero ya no solo en porcentaje de participación—, sino en la forma en que vivimos y consumimos deporte.

Aunque las mujeres ya practican deporte casi tanto como los hombres (59,5 % frente a 66,2 %), ellos siguen teniendo una frecuencia de práctica más elevada. Eso nos habla de una desigualdad no en acceso, sino en tiempo, ritmo y hábitos: hay barreras silenciosas que condicionan cuánto y con qué intensidad podemos entrenar.

También es significativo el tipo de actividades mayoritarias: deportes como gimnasia suave, gimnasia intensa, senderismo o natación figuran entre los más practicados en general, pero hay matices de género en esas preferencias que reflejan —otra vez— los roles y estereotipos que aún pesan.

Isabel Macías analizando los habitos deportivos

La brecha de género en números de practicantes esta cerca de cerrarse, pero aún faltan muchos puntos de aproximación para que la presencia, visibilidad, consumo y cultura deportiva seas igualitarias

¿Y qué pasa con el consumo deportivo?

Aquí es donde los datos, lejos de ser solo cifras, cuentan una historia que duele un poco:

El 82,4 % de los hombres vieron algún evento deportivo por medios audiovisuales en el último año.
En cambio, solo el 63,7 % de las mujeres lo hicieron.

Y si profundizamos:

  • El 91,8 % de quienes consumen deporte audiovisual ven principalmente competiciones masculinas.

  • Solo un 42,4 % sigue eventos de categoría femenina.

  • Y apenas un 19 % accede a eventos mixtos.

Esto no es neutral. Lo que se ve genera cultura, opiniones, modelos a seguir y referencias. Si lo que más se consume son competiciones masculinas, el imaginario colectivo —a veces sin querer— sigue posicionando al deporte femenino como “otra cosa”, o “un añadido”.

Aquí doy valor a otra interpretación importante, con otro dato clave que no podemos ignorar: El 37 % de las personas que practican deporte lo hacen en un entorno donde al menos uno de sus progenitores también practica o ha practicado actividad deportiva. El deporte también se hereda. Se aprende. Se normaliza.

Como madres (y como referentes), tenemos una herramienta poderosa:
visibilizar el deporte en casa, mostrarlo como algo cotidiano, compartido y transgeneracional. Porque la igualdad también empieza en lo que ven —y viven— nuestras hijas e hijos.

¿Cuál es el mensaje detrás de estos datos?

No estoy aquí para decir que no haya avances —porque los hay, y valen—. Estoy aquí para mostrar que la igualdad de género en el deporte no se resuelve disminuyendo un número porcentual. Eso es solo el primer escalón.

La verdadera igualdad se construye cuando también ocurre esto:

  • Cuando las mujeres tienen la misma presencia y visibilidad en medios.
  • Cuando se valora su esfuerzo y su rendimiento de forma equivalente.
  • Cuando las historias de mujeres deportistas se cuentan tanto como las de hombres.
  • Cuando su acceso a eventos, patrocinios, y prácticas de alto rendimiento no dependen de viejas ideas sobre “lo que interesa” al público.

Porque, si el deporte es salud, participación y vida… también debe ser representación, justicia y oportunidades reales.

Mi conclusión, mía y puede que sesgada por mi propia experienca, los datos nos muestran el camino hasta ahora, y señalan que la brecha de género en la práctica deportiva está más cerca de cerrarse que nunca. Pero también revelan que las brechas de presencia, consumo y cultura deportiva siguen siendo profundas y que, como sociedad, todavía tenemos trabajo por delante.

Gracias por leerme. Y como siempre, te animo a que sigas moviéndote… y que sigamos exigiendo espacio, visibilidad y equidad para todas y todos

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