Seguir compitiendo a partir de los 40

Nunca me gustó la palabra “retirada”.
Suena a punto final, a dejar de ser quien eras y, aunque es inevitable que el paso del tiempo transforme nuestras prioridades y nuestros ritmos, hay algo que permanece inmutable cuando el atletismo ha marcado tu pulso toda tu vida: las ganas de seguir compitiendo.


No desde la presión del resultado, sino desde el deseo de mantenerme activa, de seguir superándome, de seguir en la competición… sin necesariamente ser competitiva.

Hace más de veinticinco años que debuté como atleta en un campeonato de España y mi vida siempre ha girado en torno al mediofondo, en concreto al 1500, a los cronómetros, a las concentraciones, a los viajes con mochila y clavos, a pelearme por una serie A, por una mínima o por una oportunidad. Un mundo exigente, hermoso, único y, muchas veces, solitario.

La Isabel de entonces no imaginaba a la Isabel de hoy: madre, trabajadora, con agendas cruzadas y menos horas de sueño… pero con la misma pasión por calzarse las zapatillas.

La transición: del alto rendimiento a la “alta perseverancia”

Cuando cumples 40, el cuerpo empieza a hablar otro idioma. No te avisa con tanto margen, no se recupera igual, aunque también os conocéis mejor y en este momento las lesiones no llegan porque sabes parar ante cualquier molestia. Muchos años de sufrir de los que esta vez sí has aprendido la lección. Ahora, más que nunca, tengo un poderoso don: la conciencia sobre mi cuerpo.

Entrenas mejor, con más propósito, menos por inercia. El foco cambia. Ya no buscas la mínimas internacionales, pero sí ese subidón de entrar en la última recta y sentir que aún puedes apretar, aunque vayas a otra marcha.

En mi caso, he encontrado un espacio muy gratificante en las pruebas híbridas, ya lo sabeis. Combinaciones de resistencia, técnica y workouts de fuerza que me retan de otra forma. Me recuerdan que el atletismo no es solo correr en una pista, sino una forma de expresión, de compromiso con una misma. Por eso para mi es imposible abandonar el 1500. Porque es mi casa, mi hogar, mi yo. Porque en esa distancia he aprendido todo lo que sé sobre esfuerzo, estrategia y superación. Aunque mis tiempos ya no sean los de antes, la sensación de empujar el tartán con los clavos sigue siendo mágica, aunque me de cosa verme en las listas de salida con esa PB que cuenta ya con 13 años de antigüedad.

Conciliar: el gran maratón diario

Uno de los mayores desafíos de esta etapa no está en la pista, sino fuera de ella: la conciliación. Ser madre y seguir entrenando es como armar un puzle con piezas móviles. Las horas no se estiran, el cansancio pesa y muchas veces toca entrenar cuando se puede, si es que se puede. Pero ahí es donde entran los años de compromiso. Esa fuerza mental que cultivé tantos años ahora me sirve para sacar energía cuando la motivación flaquea, que es muchas más veces de las que querría. No tengo una receta perfecta, pero sí algunas claves que me ayudan a seguir en la competición (y no perder la cabeza en el intento):

Mis 6 tips para no perder la motivación después de los 40

1. Reformula tu porqué

Ya no compito por marcas, compito por mi. Por demostrarme que puedo seguir activa, sentirme fuerte y presente. Ancla tu motivación en algo más profundo que el cronómetro, busca una brújula más allá de un tiempo.

2. Adapta tus entrenamientos a tu vida, no al revés

Antes tenía todo el día para entrenar, ese era mi principal objetivo y lo demás era secundario. Ahora, muchas veces, tengo 45 minutos entre reuniones, colegios, extraescolares o entrenamientos donde ya no soy yo la protagonista, sino mis atletas. Aceptar eso: te libera. La constancia no se mide en horas, sino en compromiso.

3. Descansa como entrenas

El descanso ya no es un lujo, es una herramienta. Dormir, saber parar a tiempo, estirar, recuperar… todo eso es tan importante como hacer series. Escucha a tu cuerpo, él sabe.

4. Rodéate de una tribu

Como en la maternidad, necesitas a iguales. Entrenar con gente con quien compartir retos, sentirte acompañado. No somos robots, necesitamos comunidad, referentes y apoyo mutuo. Y sí, también reírnos de nuestros retos locos para muchos.

5. Celebra cada pequeña victoria

Bajar un segundo, no lesionarte, terminar una carrera que pensaste que no harías… Todo eso suma. No minimices tus logros porque no salgan en la prensa, valora cuánto te ha costado lograrlo y, sobre todo, disfrútalo.

6. Haz del deporte un espacio de libertad, no de presión

Entrenar no debe ser otra exigencia más. Hazlo porque te nutre, porque te conecta contigo, porque te hace mejor en todo lo demás.

El nuevo escenario: realización, no comparación

Hoy no corro para que me aplaudan o ser la mejor. Corro para que mis hijos me vean fuerte, para que sepan que su madre no dejó de luchar por lo que la hacía feliz. Corro porque el atletismo me enseñó que el valor no está en el podio, sino en el camino. Y eso lo puedes recorrer con 20 o con 40 años, es la misma meta.

Sigo en la competición porque quiero seguir creciendo. Porque entrenar me hace mejor profesional, mejor madre, mejor mujer y siempre: mejor atleta. No corro para ganar, corro para vivir más despierta.

¿Estás tú también en los 40 (o cerca) y te preguntas si seguir intentándolo?

Te lo digo desde el corazón: no lo dejes. Cambia el foco, cambia los objetivos, pero no abandones eso que te mueve por dentro. La competición no se acaba con los años, solo se transforma e incluso hay quien en este momento llega a su mejor versión. No te rindas por lo que marque una fecha de nacimiento.

Nos vemos en la línea de salida. Con nuevas metas, nuevas prioridades pero la misma pasión de siempre.

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